Durante las sesiones de los entrenamientos oficiales- y que el argentino Juan Manuel Fangio (Alfa Romeo 158), en primer término, rueda al límite consiguiendo el mejor tiempo (1’50”2) tras superar al vetusto ERA A (Nº 26) de Bob Gérard (no se clasificará al invertir un descorazonador 2’03”4)… Y que, al día siguiente, Fangio ganará el Gran Premio. Nada nuevo… Sin embargo, ¿han observado la posición del comisario que antecede a la curva del túnel? Estoico e imperturbable a solucionado el pronunciado desnivel con una banqueta para nivelar su posición con comodidad. Téngase en cuenta que el Gran Premio duró más de 3 horas y que, por lo tanto, ningún comisario del mundo, por mucha afición y entrega al deporte, hubiese mantenido la verticalidad en tan precarias condiciones. Un pequeño botiquín portátil remata la inocente (y grandeza, por supuesto) fotografía de una época gloriosa.
Amédée Gordini y sus monoplazas de Fórmula 1 en torno al “Equipe Gordini”.
El constructor galo había alineado dos unidades oficiales que se confiaron al franco-brasileño Hernando-Joao da Silva Ramos (Nº 14), más conocido como “Hermano” o “Mano”, y al francés Robert Manzón (Nº 15). Los monoplazas Gordini T-32 (motores de 2.5 litros y 8 cilindros en línea que arrojaban 250 CV/8.200 vueltas) nunca fueron competitivos en la especialidad. En Silverstone, da Silva se retiraba por rotura del eje trasero mientras que Manzón sería 9º de la General (a siete vueltas de diferencia del vencedor de la prueba, (Juan Manuel Fangio-Ferrari) y por detrás del catalán Francisco “Paco” Godia (Maserati 250-F).
Debut de los fabulosos Mercedes W 196-R (carenados).
Tres unidades tomarán la salida en manos de Hans Herrmann (imagen; abandonará por problemas mecánicos pero conseguirá la mejor vuelta rápida en carrera), Juan Manuel Fangio y Karl Kling. Como podrán observar, será la primera vez que los aficionados contemplen a los monoplazas de la F1 con las ruedas “envueltas” por las estilizadas carrocerías (carenados), pirueta o artimaña técnica aplicada por los ingenieros alemanes hasta su abolición por la FIA. No obstante, con o sin carenado, los Mercedes W 196 (motor de 8 cilindros en línea, 2.5 litros, 290 CV a 8.700 vueltas y no más de 700 kilos) arrasaron en las temporadas deportivas de 1954 y 1955. En Reims, en el Grand Prix de su debut, los Mercedes copaban las dos primeras posiciones (Fangio seguido de Kling) por delante de un sorprendido Roberto Manzón (Ferrari). Como dice el aforismo popular: “Llegar el primero y besar al Santo…”.
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